El Roble en el Vino

Ya en entradas anteriores, como la donde trataba la Composicion de la madera de roble y en la clasificación de la crianza de acuerdo al potencial redox, mencionaba el empleo de este material como elemento en la producción y en las características organolépticas del vino. Saco todo esto a colación porque nunca he tratado el tema del “Porque” del uso del roble.

El origen del uso a ciencia cierta no lo se, para mi es difícil discernir si se utiliza el roble por el aroma que le confiere al vino, o si este aroma a roble es un beneficio extra del uso de esta madera como materia prima en la elaboración de recipientes vinarios, una suerte de “que vino primero, el huevo o la gallina”. Independiente de cual haya sido la razón, una cosa es bien clara: Los aromas a maderas en los vinos, tienden a considerarse como un signo de calidad o un mayor grado de elaboración o estilo. En este punto hago un alcance que el toque de madera se obtiene de diversas formas de acuerdo al tipo de vino que se elaborará.

mmm…Roble, ¿Pero cuanto roble es bueno?

Hace más de 10 años tuve mi primer encuentro con los vinos norteamericanos, no solo de los de EEUU, sino que de México. De este último país, de una bodega que no voy a nombrar acá, noté un uso y abuso de la madera en un vino que no tenía la estructura para soportar la carga de taninos y aromas de madera que confieren las barricas en una crianza prolongada. Al no entender la idea que había detrás de eso, pregunté y averigüé para llegar a una conclusión:

La barrica debe ser un complemento para el vino, jamás un suplemento. No es posible pedirle al Roble lo que la Vid no dio

Lo que quiero decir con esto es que existen algunos enólogos que intentan suplir carencias en cuerpo, estructura o en volumen de un vino mediante crianzas prolongadas. No digo que esto no funcione, solo digo que tiene sus limites. Un vino flojo, deslavado y sin carácter ni estructura, va a seguir siendo igual no importa cuanta crianza en barrica tenga ni la calidad de esta barrica. La mona vestida de seda, mona queda…

Es a mi impresión entonces importante cuando se elabora un vino, definir en primer lugar si efectivamente es capaz de resistir en su estructura natural, las complejidades gustativas y aromáticas aportadas por una barrica. De ser así se debería elegir entonces el tipo de barrica adecuada para la estructura de ese vino, y se debería además hacer entonces una estimación del tiempo de crianza que se le va a dar a dicho vino.

Todo lo anterior va orientado a entregar al vino su ciclo de crianza adecuado, una crianza que complemente al vino, que lo enriquezca, la crianza en barricas debe ser un proceso de maduración y crecimiento de un vino, no una ortopedia.

En una próxima entrada, hablaremos de las distintas vías de aportar aromas a madera que se usan en la actualidad.

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